LOS
JÓVENES HOY: ENTRE EL NIRVANA Y EL SARCASMO
Hablar de los jóvenes es un
ejercicio que invita ante todo, a estar lo más centrado posible en una postura
de imparcialidad y de neutralidad que posibilite el equilibrio en la balanza
entre todo ese universo de intersubjetividades posibles en que discurre esta
población que se niega a portar una etiqueta que lo encasille como tal. Para
empezar basta con determinar ¿qué es ser
joven? Para darse cuenta que es un grupo tan escurridizo que apenas si
algunas ciencias del saber y del conocimiento humano se han aventurado a
establecer un patrón etario que permita identificarlos mejor. Lo biológico es
un buen ejemplo para indicar por ejemplo, que los jóvenes van experimentando
ciertos cambios en su apariencia física que le van dando ese pasaporte para
pasar de una etapa a otra. Entonces es cuando se advierte el umbral de la
pubertad que da pie a la adolescencia. Y que en muchos casos, muchos jóvenes ni
se dan cuenta de ese trasegar por estar concentrados en hallar respuestas a
condición juvenil, porque si hay una característica afín en todos, es que están
en una permanente búsqueda de identificación.
En su leve transcurso por la
existencia, el joven se ve enfrentado a un sinnúmero de situaciones y
experiencias que le significan aprendizaje y discernimiento para encarar
responsabilidades y situaciones en las que tendrá que poner en juego todo su
acervo de conocimientos en virtud de alguna exigencia ya sea de orden laboral,
afectiva o académica. Y tendrá que valerse de toda su sagacidad y energía
porque en la mayoría de los casos, el entorno en que se desenvuelve no le
brinda las condiciones mínimas de desarrollo integral y sano esparcimiento. Al
menos en cuanto al contexto colombiano se refiere, el joven no sale bien
librado por cuanto las estadísticas realizadas en los últimos años, reflejan un
panorama para nada halagüeño: La población juvenil representa la mayor fuerza
humana de la guerrilla colombiana –y no porque los muchachos vean en los grupos
insurgentes un escape a la rutina o una alternativa de vida, sino por el
sometimiento y acoso constante de los grupos al margen de la ley para con esta
población-, los colombianos más vulnerables a morir de manera violenta son los
jóvenes si se tiene de presente que apenas en un lapso de cuatro años de
difícil situación de orden público que vivió el país entre 1990 y 1994, dejaron
de existir 80 mil jóvenes por ajuste de cuentas y la inseguridad en muchos de
los territorios de nuestro país.